Bitácora de Seoul

Durante los siete días que estuve en Korea no pude acostumbrarme a agarrar la comida con los palitos sin que se me resbale, ni entender lo que estaba comiendo, aunque admito que me encantaron todas las comidas. Sólo una experiencia traumática tuve: en una cena de trabajo cuando terminé de comer mi plato me dijeron “que suerte que te gustó, comiste algo exótico, tiburón”.

Me sentí que Greenpeace me iba a denunciar y hacer echar por siempre de las ONGs, que había cometido un pecado similar a comer tortuga marina o usar un tapado de piel de oso panda. Cuando vieron mi cara los compañeros de mesa me aclararon que la pesca comercial del tiburón está aceptada en todos lados, que nada que ver con las ballenas. Yo sigo sintiendo que me comí una aleta de Willy.

El último día me tocó presentar en la conferencia de Social Entrepreneurship. Me habían intentado enseñar dos veces como decir “buen día a todos” en koreano, pero al momento de presentar nuevamente no me salió. A lo largo de una semana no pude decir ni una palabra en Koreano, ni gracias ni por favor ni buen dia, increíble la poca capacidad de aprender idiomas. Igual, gracias a la buena onda de los koreanos con los foraneos siempre me pude hacer entender de alguna manera.

La comida, el idioma y los inodoros fueron las únicas diferencias fuertes que encontré.  Me esperaba encontrar un mundo distinto y me encontré con un montón de cosas en común con los koreanos. Por trabajo me tocó hablar con mucha gente de mi edad y me sorprendió que usen la misma ropa, escuchen la misma música y tengan intereses tan parecidos a los nuestros. Me dan muchas ganas de seguir en contacto con muchos más koreanos de los que hubiera imaginado antes del viaje.

 La última gran diferencia que noté fueron los inodoros futuristas, tan completos que estoy seguro sobrepasarían las exigencias de  Maradona. Hasta en el baño del subte los inodoros vienen con un sistema que los mantiene calentitos y con botones de lavado y secado más dignos de lavadero de auto que de baño público.

Educados, gourmet y pulcros, así me resultaron los koreanos en estos pocos días que tuve la suerte de conocerlos.

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3 comentarios en “Bitácora de Seoul”

  1. Luli Says:

    Marcele te van a exiliar!

    Ahora podes decir “¿Que somos? Tiburones”.

    Esperemos que los koreanos no te hayan tomado como un referente de la altura promedio de los Argentinos, no vaya a ser que después alguno venga para aca y piense que todos nos tomamos la chiquitolina! (se me acaba de caer una zota, o más…).

    Gracias por las carcajadas matutinas!

  2. Dolly Says:

    De sólo pensar en el concepto “inodoros calentitos” aplicado a los subtes porteños necesito otro inodoro para el vomito que me provoca la imagen.

  3. Euge Says:

    berchos!!! te fuiste a korea nomas. me hiciste reir con los inodoros. en japon tienen los mismos. MUY GROSO, viste!!! nosotros que extraniabamos el videt en boston, estabamos felices, jajaj.

    creo que tenes razon con lo de las semejanzas. uno piensa que viaja a asia y se encuentra con un mundo distinto, y la verdad que no. a mi todas las ciudades de japon y china que visitamos, me parecieron muy occidentales… coincido con el comentario.

    beso bercho!

    eu


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