Archivo para septiembre 2010

Secretos de los newyorquinos

septiembre 23, 2010

Durante los 9 meses que vivimos en Washington, me tocó venir muchas veces a Nueva York. Esas visitas tuvieron algo en común: el subte me tuvo de hijo. Siempre me tomé mal el subte y aparecí en la estación contraria a la esperada (a un costo de USD 2.25 por pasaje), nunca leí bien el mapa gigante que te dan y aparte los neoyorquinos, tan apurados siempre, me hicieron sentir un turista inútil a los empujones apurados mientras leía mi mega mapa parado en la estación incorrecta.

El subte en Nueva York es imponente, llega a todos lados y funciona las 24 horas. Nunca esperamos un subte más de diez minutos, ni a las 2 de la mañana. Pero hay que admitir que cuesta manejarse bien en un sistema con 30 lineas, con estaciones por las que pasan 8 líneas y con varias líneas pasando por el mismo andén: Por ejemplo el 4, 5 y 6 coinciden en varias estaciones, pero el 4 es expreso (sólo para en algunas) y el 5 de repente dobla. Además el fin de semana algunas líneas dejan de funcionar y hay que arreglárselas.

Esta vez ni bien llegamos a Nueva York  lo primero que hicimos fue comprar

el pase ilimitado de subte que sirve para todos los viajes en subte o bondi que uno pueda hacer en un mes, inclusive los que te equivocás. Es útil para nosotros ya que vivimos a una cuadra de una de las estaciones de Brooklyn y todos los días vamos y volvemos en subte a algún lado.

Y lo mejor, es que conseguimos un  mapita del subte del tamaño de una

tarjeta de crédito que se puede leer bastante disimuladamente. Creo que el mapita es el secreto de los neoyorquinos, imposible que se sepan de memoria todas las combinaciones y que no se pierdan.

No sé cuanto estoy aprendiendo en la facultad, pero por lo menos la estoy aprendiendo a llevar en la billetera alguno de los secretos mejores guardados de la ciudad.

Little Kingston

septiembre 16, 2010

Hace dos semanas que estamos mudados a Brooklyn. Somos  un equipo de cuatro puertas adentro. La casa es súper linda. Tres cuartos, una cocina muy grande y un living gigante, un baño, un espacio que no sabemos bien que es, pero es grande también y un backyard – jardín trasero – con parrilla ya estrenada y dos árboles que amortiguan bastante el sonido del subte que pasa unos metros más abajo.

Estamos ubicados a media cuadra del subte, en una cortada, dentro del barrio Jamaiquino de Brooklyn. Nuestra casa es la única de la cuadra en donde la entrada, que no tiene rejas, deja un lugarcito para sentarse. Según nos comentaron aquellas personas a las que les preguntamos, hace mucho tiempo que nuestra dirección es punto de encuentro.

A partir de las tres de la tarde empieza el movimiento.  Se despliega una mesita con sillas, se escucha fichas de dominó siendo mezcladas y algún súper auto abre sus puertas para amplificar el sonido bobmarlinesco que acompañara el resto de la velada, que la mayor parte de las veces se extiende hasta entrada la madrugada. Puede variar la cantidad de concurrentes, pero siempre son suficientes como para una partida de domino y su posterior tercer tiempo, que incluye algún tipo de majar jamaiquino, charlas en un inglés inentendible y mucho cigarrillos de humo particular.

Al principio era raro, no teníamos cortinas – salvo la creada por el humo, que eran corridas por el viento – y nos veíamos las caras  (o les veíamos las espaldas, si era después de las 2 am y teníamos que pasar del cuarto al baño) todo el tiempo. El alto régimen de exposición nos impulsó casi inevitablemente a conocernos. “how is it going? I’m PEE, he is TONY and DJ”. Hi guys I´m Carolina, nice to meet you. Are you from here? No, I’m from Jamaica and he is from Tobago….ohh great blab la bla…y así como quien no quiere la cosa me termine enterando que la cuadra tiene un equipo de futbol con camisetas y todo y que este sábado empiezan un torneo por las tardes, al cual estamos más que invitados a participar!! Así que bueno, no queda más que ir y ver si las camisetas además de una gran chala, tienen sponsor.

Vivir en el Soho

septiembre 8, 2010

Mientras buscábamos departamento tuvimos la suerte de que nos presten por unos días un departamento amueblado en Tribecca – Soho, una de las zonas más cool de Manhattan.

No puedo negar que estuvo muy bueno vivir a minutos caminando de miles de lugares lindos o poder bajar a la calle y contar con decenas de restaurantes muy elegantes disponibles. También estuvo  bien llegar a cualquier hora y tener el supermercadito gourmet y muchas opciones de comida abiertos, especial para bajoneros.

Más allá de la buena onda, Manhattan tiene su parte difícil. Por ejemplo, ese supermercadito que tiene tanta onda te vende la Naranja por unidad a un dólar y el pedazo de queso arranca en U$10 (no, no venden cremoso y el brie es el más choto). El metro cuadrado es tan caro que cientos de miles de habitantes no tienen un supermercado chiquito a menos de 40 cuadras y por eso tienen que hacer todas sus compras en mercaditos gourmet como el que teníamos en la esquina.

Salvo los multimillonarios, casi nadie tiene ascensor. A nosotros en el edificio super cool de la foto nos tocó subir 5 pisos por escalera cada vez, a veces con valijas, por suerte nunca con sillones, camas y elementos de mudanza.

Todos viven muy apretados: es muy común entre los estudiantes “convertir” un departamento dos ambientes en un tres o cuatro ambientes. Es decir, meter un durlock o una cortina en el medio de una pieza para transformarla en dos o tres. En el departamento que nos prestaron no pasaba esto pero abrías una puerta en la cocina esperando encontrar un armarito con ollas y fideos y te encontrabas la ducha. Muy práctico para cuando tenés que bañarte y revolver la comida a la vez.